
Los niños son como una pequeña semilla que al sembrarla por la promesa del SEÑOR tenemos esperanza de su destino, cuidándola y rodeándola se cumplirá el fruto de la multiplicación y es por ello que estamos comprometidos con su cuidado, acompañamiento su crecimiento, sabiendo que cada uno de ellos producirá una abundante cosecha que impactará a su generación.
